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funcionalidad de la tiroides y cuando operarla

09

septiembre
2021

Tiroides: ¿Funcionalidad y en qué caso operarla?

La glándula tiroides se encuentra en el cuello y es extremadamente frágil. La función de la tiroides es secretar hormonas encargadas de regular la temperatura corporal, el consumo de energía del organismo y, en cierta medida, el apetito, el sueño y el carácter.

Las enfermedades de la tiroides alteran su capacidad de secreción hormonal. Por tanto, puede provocar excesos y déficits hormonales, que alteran en gran medida la calidad de vida de los pacientes.

Muchas personas creen que la cirugía es la respuesta a todos los problemas tiroideos. Pero no siempre hay que operar la tiroides, depende del caso. En este artículo explicaremos en qué circunstancias es una opción y cuáles no lo es.

Enfermedades relacionadas a la tiroides

Como hemos dicho, la tiroides es una glándula muy sensible, que puede enfermar con facilidad. Las patologías del tiroides se pueden agrupar en dos grupos, la cuales se diferencian por si se produce o no alteración hormonal detectable:

Enfermedades de la tiroides sin alteración hormonal detectable

Las patologías de la tiroides que no producen alteraciones hormonales detectables son difíciles de diagnosticar por la falta evidente de síntomas. En este grupo se encuentran:

Nódulo único sólido o quístico: Se trata de una enfermedad de la tiroides en la que una parte de la glándula crece de forma anormal mientras el resto se mantiene normal.

Bocio multinodular: Esta patología de la tiroides se caracteriza por un crecimiento de la glándula tiroides en forma de múltiples nódulos. Estos nódulos pueden provocar un aumento del diámetro del cuello, pudiéndose diagnosticar con una simple palpación. En algunos casos puede ser que no se produzca este aumento, dificultando así su detección.

Enfermedades de la tiroides con alteración hormonal detectable

En este tipo de enfermedades de la tiroides, se produce una alteración en la capacidad de secreción hormonal de la glándula, la cual puede ser por exceso o defecto, responsable facilitando su diagnóstico.

Entre las patologías de la tiroides con alteración hormonal detectable se encuentran: el bocio multinodular hipertiroideo, el nódulo único tóxico, la enfermedad de Graves-Basedow, la tiroiditis, y otras patologías.

La mayoría de las patologías de tiroides tienen tratamiento médico: tratamiento farmacológico o con yodo radioactivo; sin embargo, en algunos casos el tratamiento no funciona o no es viable y se hace necesaria una operación de tiroides, en concreto extirpar una parte o la totalidad de la tiroides.

Las patologías que podrían requerir de cirugía de tiroides son: algunos casos de nódulo tiroideo, los bocios multinodulares de gran tamaño, el hipertiroidismo, el cual hace referencia al funcionamiento excesivo del tiroides, y el cáncer de tiroides.

¿En qué momento operarse?

Por lo general se requerirá una cirugía cuando la tiroides tiene defectos morfológicos más que funcionales. Es decir, si el paciente presenta un nódulo con alta sospecha de malignidad y este se verifica con una biopsia positiva para Cáncer de tiroides, la indicación absoluta será la cirugía, esta puede ser total o parcial de la tiroides, pero esto será motivo de otro post.

En caso de que sea por un problema funcional (hipotiroidismo o hipertiroidismo) esto sería en el caso del hipertiroidismo, pero solo si el tratamiento farmacológico con antitiroideos o el tratamiento con yodo radioactivo no son viables, solo así el tratamiento de elección sería la cirugía.

Habitualmente los desajustes tiroideos por déficit de producción hormonal llamado Hipotiroidismo no se soluciona operando. Mejoran con el tratamiento de reemplazo hormonal y se debe limitar a controlar estrechamente al paciente.

Razones para operarse

Los problemas de compresión por culpa del tiroides vienen explicados por su localización anatómica. Al tratarse de una víscera que está en la parte anterior del cuello, en cuanto comienza a crecer, ocupa un espacio que no debería y con ello desplaza o aprieta las estructuras vecinas.

Por eso, frente a un Bocio nodular, además el efecto estético sobre la imagen corporal, un paciente puede experimentar molestias reales tales como cierta dificultad al tragar, por contacto con el esófago, episodios de tos irritativa, pérdida de la intensidad de la voz o sensación de carraspera, ya que tiene contacto con los nervios laríngeos, e incluso sensación de opresión y dificultad del paso del aire cuando realiza alguna actividad física de moderada intensidad por tener contacto con la tráquea.

La existencia de un crecimiento glandular rápido, la aparición de síntomas compresivos, el hipertiroidismo o la sospecha de malignidad son los indicadores que están bien establecidas para esta enfermedad, en estos supuestos casos se debe realizar una tiroidectomía.

¿Qué riesgos tiene la cirugía de tiroides?

Los pacientes que van a ser intervenidos de una cirugía tiroidea tienen, lógicamente, diversos temores a la hora de afrontar la cirugía. En este sentido, los especialistas tienen la responsabilidad de tranquilizarlos y transmitir un mensaje: la cirugía tiroidea es segura en manos expertas. Existen algunas complicaciones, pero por suerte son poco frecuentes y transitorias.

La primera de ellas es la necesidad de administración de calcio y vitamina D tras la cirugía. A esto se denomina hipoparatiroidismo postquirúrgico. Es relativamente frecuente y esta incidencia aumenta en los casos de bocios grandes o tiroidectomías por cáncer. La forma definitiva de esta enfermedad en la mayoría de los centros con experiencia no supera el 1-3%, por lo que en general los pacientes recuperarán su función paratiroidea en las primeras semanas y podrán ir abandonando poco a poco el tratamiento.

La voz es otra complicación relativamente frecuente de esta cirugía. Cada día se conoce más en cuanto a la fisiología de la voz y su complejidad, en la que están implicados diversos mecanismos nerviosos. A grandes rasgos, esta complicación se produce cuando existe una alteración en la función del nervio laríngeo recurrente, en general por manipulación quirúrgica. De la misma forma que ocurre con el hipoparatiroidismo, en la mayoría de las ocasiones esta alteración es transitoria.

Por último, la complicación que más temen los expertos en cirugía tiroidea es el hematoma postquirúrgico. Por suerte, se trata de una complicación infrecuente. Pero que cuando ocurre es una emergencia vital que puede comprometer la vida del paciente en pocos minutos. Habitualmente ocurre en las primeras 6 u 8 horas tras la intervención, y es raro, aunque no excepcional, que aparezca más allá de las 24 horas.

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